El equilibrio de ácidos grasos omega-3 y 6

Los ácidos grasos omega 3 y omega 6 son por fin tenidos en cuenta ya que se ha demostrado que participan en el buen funcionamiento de nuestro cuerpo. ¿Sabes donde puedes encontrar alimentos o fuentes naturales ricas en ácidos grasos omega 3 y omega 6?

El equilibrio de ácidos grasos omega-3 y omega-6

Los esquemas nutricionales de las sociedades desarrolladas evolucionan en todas sus fases y de modo continuo. Desde los mismos productos naturales a los procesados, los componentes básicos se modifican y lo que se consideraban nutrientes tradicionales hoy no existen en los niveles suficientes. Uno de los equilibrios necesarios es el de los ácidos grasos omega-3 y omega-6, todavía descompensados.

La ingesta de ácidos grasos omega-6 y omega-3 ha de estar equilibrada. Especialmente se han de potenciar los segundos, dadas sus propiedades antiinflamatorias, cerebroprotectoras y benefactoras del metabolismo de los lípidos y la salud cardiovascular, ha explicado Ramón Segura, catedrático de Fisiología de la Universidad de Barcelona.

Segura ha descrito como el cambio en la ingesta de ácidos grasos se inició a finales de la década de 1960 e inicio de los años setenta como consecuencia indiscriminada de las recomendaciones hechas para sustituir la grasa saturada por productos ricos en ácidos grasos poli-insaturados a fin de reducir los niveles de colesterol en plasma. Estos aceites son portadores de niveles altos de omega-6 pero no de ácidos grasos omega-3.

Años atrás, la carne, el pescado, los animales y plantas silvestres aportaban una cantidad aceptable de ácidos grasos omega-3, “pero dado que ahora son alimentados con maíz y girasol se ha de vigilar su aportación a la dieta”, ha añadido Segura. En esta línea, los vegetales poco refinados son válidos para prevenir el incremento de colesterol y de las lipoproteínas de carácter aterogénico del plasma. “Sus fitoesteroles dificultan la absorción de colesterol y actúan sobre radicales libres, con minerales y oligoelementos”.

Proteína de soja

Lawrence May, profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha revisado los efectos de la proteína de soja como elemento potencialmente positivo para la nutrición en general. Para May es un nutriente “aliado del corazón”, que carece de la grasa y las consecuencias adversas asociadas a la proteína animal. Su influencia para reducir el riesgo de enfermedades coronarias, sus efectos sobre el metabolismo renal, la osteoporosis y la regulación hormonal la convierten en muy beneficiosa. “Existe una relación positiva entre la nutrición con soja y la incidencia de determinados cánceres hormono-dependientes, como el de mama o el de próstata”, ha añadido.

Ali-Reza Waladkhani, del Departamento de Psico-oncología de la Universidad de Trier, ha analizado los efectos preventivos y terapéuticos de los compuestos fitoquímicos dietéticos en el desarrollo del cáncer. Unos niveles elevados de estrógenos en la sangre y en la orina son indicadores de un alto riesgo de cáncer de mama. “En un gran estudio de casos y controles probables se dio una relación significativa entre los niveles de estrógenos séricos y el riesgo de cáncer de mama en mujeres de Nueva York”. Se han comprobado unos niveles de estrógenos y andrógenos en sangre un 44 por ciento menores en mujeres orientales que emigraron a los Estados Unidos desde áreas de riesgo bajo de cáncer de mama, cuando las compararon con las americanas caucásicas, quienes tenían un riesgo mayor.

Las mujeres recientemente diagnosticadas de cáncer de mama mostraban unos niveles sustancialmente menores de isoflavonoides y fenoles en la orina que las mujeres de control, y unas excreciones elevadas de estos compuestos se asocian con un riesgo sustancialmente reducido de padecer cáncer de mama. En concreto, altas excreciones de fenoles e isoflavonoides totales estaban asociadas a un riesgo reducido y estadísticamente significativo del 85 por ciento de padecer cáncer de mama. Entre las mujeres menopáusicas de Singapur, el riesgo de cáncer de mama estaba inversamente relacionado con la ingesta de proteínas de soja. “Esta fabácea contiene cantidades significativas de isoflavonas, daidezeína y genisteína, que actúan como antiestrógenos compitiendo con estrógenos endógenos para el bloqueo del receptor, lo que puede reducir la estimulación inducida por estrógenos de la proliferación de células mamarias y la formación de tumores de mama”.
Fibra seleccionada

Para Mario Rosenberg, jefe de la División de Gastroenterología del Hospital Cedars Sinai la influencia de la fibra sobre los lípidos, las enfermedades cardiovasculares y otras enfermedades nutricionales, como la diabetes, está cada vez más en el objetivo de la investigación.

A raíz de su experiencia en el examen de nuevos tipos de fibras y sus beneficios, Rosenberg ha dejado claro que, “en casos de estreñimiento, el añadir fibra a la dieta ha de valorarse con detalle, pues algunos de estos casos obedecen a problemas metabólicos estructurales”.

Asimismo, “ensayos experimentales han mostrado que ciertos tipos de fibra, como la pectina de la uva, podrían inhibir el desarrollo de la arteriosclerosis, incluso si no reducen los niveles de colesterol en los animales”.

Una opción aconsejable es “elegir alimentos cereales integrales más a menudo y menos alimentos cereales refinados. En este sentido, la población norteamericana come alimentos integrales sólo una vez cada dos días”.